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Opinió

Bienestar animal… A no más de 500 metros

L no poder disponer de nuestra total libertad para movernos y relacionarnos nos sumerge en una tensa espera. Aunque sólo sea de manera temporal.

Ya se viva solo en casa, ya se esté en pareja, casados o, simplemente, se comparta piso de estudiantes€, el simple hecho de saber que no podemos evadirnos mucho más allá de las paredes que nos rodean genera un amplio abanico de emociones. Tensión, irascibilidad, ansiedad, tristeza, no dormir bien€ Estrés.

Sin entrar en estudios científicos sesudos, el ser humano necesita sociabilizar. Es cierto que unos lo necesitan más y otros menos pero el contacto, y ya no sólo virtualmente en redes sociales, chats€, es necesario. Es saludable interaccionar pues activa nuestro cerebro. Alguna vez después de quedar para hablar con una buena amistad entorno a un café humeante o un refresco nos hemos sentido más optimistas, relajados€ Cierto es que a veces también hemos vuelto a casa diciendo “ojalá no hubiera quedado, he vuelto peor”.

Como seres sensibles que somos a esta situación de estrés también lo son los animales. Y más concretamente los animales domésticos también están sufriendo esta situación de encierro. Y en silencio. Cierto es que nuestra tortuga de Florida en su terrario no va a notar mucho el cambio. Cuestión aparte es si sería más feliz fuera de ese terrario limitado y vagando por verde natura.

Sin embargo, los perros, que son el grueso de animales domésticos que solemos ver en la calle, están desubicados. Y es habitual verlos jadear con la boca abierta, hiperactivos de un lado a otro de la casa, casi sin aliento. Están bajo estrés y ansiedad desde que se decretó el estado de alarma. Muy similar a nosotros, ¿verdad?

Como seres sensibles que son, con curiosidad, necesitan salir al exterior y no sólo para necesidades fisiológicas. Estirar los músculos, ejercitarse, respirar aire puro, husmear el suelo, reconocer el género del rastro localizado€ Relacionarse y ver, aun de lejos y con la correa tirando de sus cuellos, a otros seres como ellos. Situación parecida a la de los humanos, ¿cierto?

Si a nosotros como humanos nos puede doler el cuerpo por no andar como antes o correr o hacer deporte en las condiciones de libertad previas al confinamiento, ¿qué nos hace pensar que un animal no sufre lo mismo? ¿Quién no ha visto un perro, gato€ en algún momento del día arquear su columna, al mejor puro estilo pilates, para desentumecerse?

Los animales de compañía hasta ahora han podido vivir esta situación con ciertos niveles de dignidad. Sí, sí€ Dignidad. Los animales tienen derecho a su dignidad, a ser alimentados, cuidados, a tener un mínimo de bienestar para no enfermar. El llamado Animal Welfare en inglés.

Sin embargo, el paseo de los perros en algunos ayuntamientos, como el de Terrassa, los ha limitado desde el pasado día 10 y hasta el día 26 de abril, si no se prorroga una vez el estado de alarma.

Se ha pasado de poder sacar el perro tanto para sus necesidades como para un paseo a que sólo puedan salir para su pipí y popó.

Se ha impuesto un límite de distancia no superior a 500 metros desde la puerta de casa. ¿Habrá detrás de cada árbol o farola un agente de la policía con metro para medir si estamos a 500 o a 499 metros de casa para justificar la multa de 600 hasta 30.000 euros? Y gracias porque en algún otro Ayuntamiento se ha limitado a sólo 200 ó 100 metros.

Se discute, últimamente, si es excesivo y contra los derechos humanos el confinamiento decretado por el gobierno para las personas. Y ahora es en nuestra proximidad que algunos entes locales toman medidas restrictivas sobre los paseos de nuestros animales.

Desde mi punto de vista, muy crítico dada mi profesión, se incurre en abuso al regular el ente local una cuestión para la que no tiene competencias. Tan sólo pueden regular cómo llevar a cabo y hacer cumplir las medidas adoptadas los consabidos decretos 463 y posterior 465 de estado de alarma.

En este sentido así lo ha manifestado la secretaria de Estado y algunas asociaciones proteccionistas.

En consecuencia, no corresponde a los ayuntamientos restringir lo que la ley no ha limitado. Absurdo legal.

Como ciudadano opino que es inadmisible que se ignore el bienestar animal. ¿Alguien cree que es saludable que un perro, grande o pequeño, manso o de más carácter, solamente salga a hacer “eso” y vuelva a casa corriendo? Se está añadiendo estrés al estrés que estamos generando al animal.

Es peligroso para su salud y para quienes conviven con él dado que puede haber posibles reacciones imprevistas de este animal estresado.

No olvidemos que estamos en una situación de convivencia impuesta y en un espacio en que los humanos somos los reyes de nuestra vivienda. Tan sólo “regalamos” a nuestras mascotas un espacio “exclusivo” que se reduce a una canasta o rinconcito, alguno tendrá caseta en el jardín, pero no mucho más. Espacio donde descansan conectados a una televisión de fondo, con niños jugando, con conversaciones o discusiones y un largo etcétera. Un auténtico desatino.

Señores de los ayuntamientos póngase en la situación: empaticen con nuestros “fieles amigos”. Y, por favor, rectifiquen por el bienestar de todos y de aquellos que no pueden quejarse por sí mismos.

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