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Terrassa

Un atracador pone la pistola en la sien a un anciano casi ciego

Irrumpió en el súper con el casco puesto para perpetrar un atraco exprés. Sacó una pistola. Vio a un anciano en la línea de la caja registradora. Era un cliente, un hombre de 80 años, semiciego, enfermo de cáncer. Y el atracador lo escogió de rehén. Le puso el arma en la sien mientras lo agarraba del cuelo y soltaba que le dieran el dinero. Pero huyó sin dinero ni nada a los pocos segundos. El atraco a mano armada ocurrió el miércoles al mediodía en un supermercado de la cadena Dia en Sant Pere Nord.

Los Mossos d’Esquadra investigan el robo con violencia e intimidación, cometido en un establecimiento de la calle del Historiador Cardús. En el local, a unos pocos metros de la esquina con la calle del Consell de Cent, estaba el anciano, comprando. Camina renqueante, con un bastón blanco de invidente, porque apenas ve. Hace unas semanas fue operado de un cáncer, pero intenta salir de casa a diario a comprar. El miércoles al mediodía estaba a punto de abandonar el supermercado cuando pasó, en un instante, de cliente a víctima de un atraco a mano armada.

Atravesó la línea de la caja registradora. Iba a pagar cuando notó la presión de otro cuerpo. Su impresión primera: alguien que me conoce, una broma. Pero ese alguien lo agarró del cuello. El hombre notó el contacto frío en la sien, giró la cabeza y vislumbró lo que su deficiencia visual le permitió; a un tipo con un casco de motorista, un casco blanco. El frío en la piel lo provocaba el cañón de una pistola.

Huye sin botín
El dinero, la pasta, espetó el sujeto, usando a un octogenario de rehén para que un trabajador le entregara la recaudación. Según testigos, otra empleada gritó, se oyó algo de llamar a la policía, varias personas reaccionaron, y el malhechor decidió largarse de vacío. Soltó al rehén y echó a correr.

El anciano, presa de los nervios, desnortado, tuvo que sentarse. Los mossos recibieron el aviso a las 12.49. Tres dotaciones se dirigieron al súper. Varios agentes dieron una batida pero no encontraron a ningún sospechoso. El octogenario ya se había marchado, con paso titubeante y desolado, a casa.

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