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La aventura china de Óscar Céspedes

Qingdao es una moderna ciudad portuaria situada al Este de China, imagen del cambio urbanístico, industrial y económico del gigante asiático, ahora empeñado en reclutar al máximo número posible de estrellas del fútbol mundial para mandar en un deporte del que ha sido escasamente protagonista a lo largo de su historia. Pero además de reconocidos cracks internacional atraídos por los mayores contratos del universo futbolístico, también están emigrando técnicos de distintos países cuyo objeto no es otro que implantar una filosofía de trabajo que sostenga a ese gigante con una base sólida que dibuje un futuro prometedor. Uno de esos entrenadores que se ha asentado en China es el terrassense Óscar Céspedes, quien fichó en febrero de 2016 como director del fútbol base del Quindao Huanghai y acaba de renovar su contrato por cuatro años más. Céspedes es, además, el director técnico de la Federación de Qindao.

"Al principio dudé. Pero estoy muy contento en todos los sentidos", explica Céspedes en relación a esta etapa profesional. "El trato es magnífico, el club tiene mucho futuro, la oferta económica era muy buena y el proyecto deportivo a largo plazo es más que interesante dentro de un fútbol emergente." Céspedes recibió la propuesta del propietario del club, Wang Zekai, cuando se trasladó a Qindao para organizar la puesta en marcha de un centro promovido por la escuela del FC Barcelona. Céspedes llevaba tres años trabajando en la entidad azulgrana (con anterioridad se inició en el fútbol formativo en las filas del Jabac) y tenía a su cargo la selección de los técnicos chinos que iban a trabajar en la escuela del FC Barcelona. Wang Zekai, un apasionado de todo lo relacionado con la entidad azulgrana (el primer equipo viste como el Barça, por ejemplo) vio en Céspedes a la persona adecuada para conducir el fútbol base del club del que es propietario. El técnico egarense lo consultó con su familia y decidió emprender la aventura en un entorno nuevo en todos los sentidos. De su mano han llegado al cuerpo técnico el ex jugador del Terrassa Marcial Serrano, que dirige al equipo sub-17, y Dani Acosta, responsable del sub-15. Además, incorporó a la Federación de Qingdao a Quico Balcells, entrenador del porteros, y a Edu Sanjosé. "Se quiere rodear de entrenadores con pasado en el Barça. Quiere implantar esa filosofía de trabajo y de juego en todos los equipos del club", dice en relación al dueño de la entidad. En esa dirección, posteriormente incorporó como entrenador del primer equipo a otro ex técnico del Terrassa, Jordi Vinyals, que llegó acompañado del egarense Pep Muñoz.

Trabajo con la base
Su club parece decidido a apostar por la formación de futbolistas. Pero queda un largo trecho para disponer de una base sólida al respecto. "A nivel de instalaciones hay proyectada una ciudad deportiva, con ocho o diez campos de fútbol, una residencia, etcétera. Las instalaciones aún no son las deseables, pero estamos en camino", señala. "Cuando llegué, el club sólo tenía un primer y un segundo equipo. Este año hemos creado uno sub-17 y otro sub-15. La idea es ir ampliando en todas las categorías. Tenemos un convenio con la Federación para ir sacando de allí a los jugadores, por eso trabajo tanto en el club como en la Federación."

Pero los principales obstáculos los encuentra en el modo de pensar de una sociedad distinta. "Los padres entienden que el niño o estudia o juega a fútbol, porque sólo ven el deporte como una salida si tiene posibilidades de éxito. Nosotros intentamos convencerles de que pueden hacer las dos cosas y que el fútbol pueden afrontarlo como un hobby. No es necesario ser Messi para jugar."

La falta de una competición reglada es otro de los temas a resolver. Únicamente se organizan unos campeonatos esporádicos y el resto del año se cubre con entrenamientos y partidos amistosos. "Estamos intentanto implantar competiciones regladas. En la Federación, por ejemplo, cada semana promovemos un partido." Céspedes se sorprende de algunos métodos de trabajo. "Para ellos es perfecto entrenar cinco horas al día. Hay que hacerles ver que entrenando una hora y cuarto es suficiente. Entrenan a fútbol como pueden entrenar deportes individuales."

Implantado en las escuelas como una materia más, el fútbol intenta ganar espacio entre deportes de mayor tradición y atención, como el tenis de mesa o el badminton. "El gobierno ha dicho que ahora lo más importante es el fútbol. Y hay mucha gente con dinero que está invirtiendo.

Puede pasar que en unos años las directrices sean en otra dirección y esta burbuja explote, pero la idea de país es hacer un proyecto importante para ser una primera potencial mundial. En tres años se va a pasar de cinco mil escuelas a 70.000 y de un millón de jugadores a veinte millones. Tienen capacidad económica y sólo les falta mejorar en cuanto a infraeestructura y organización. Cuando lo tengan, serán una potencia."

La burbuja china
Pese a que del fútbol chino se conoce poco más que sus estratosféricos fichajes, Céspedes señala que hay un trabajo de promoción emergente. "Han reducido el número de futbolistas extranjeros que pueden jugar. Quieren estrellas para formar a sus jugadores, pero saben que es imprescindible fomentar la cantera propia." En todo caso, el potencial de la competición es cada día mayor en el país. "Hay un salto muy grande entre la Superliga y la Segunda División. En la Superliga hablamos de estadios llenos de 60.000 o 70.000 personas con unos sueldos desorbitados y un seguimiento masivo de los medios de comunicación. En la segunda nosotros tenemos una media de unos diez mil espectadores."

En ese escenario, Céspedes observa el futuro del fútbol chino bajo una perspectiva inmejorable. "Les veo un potencial tremendo en diez o quince años. La Liga va a ser muy importante, una de las mejores del mundo. Ahora ya no sólo vienen veteranos a acabar sus carreras sino futbolistas de primer nivel que cuadriplican lo que pueden cobrar en Europa".

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