El Mercat de la Independència habla de un cambio profundo en un sentido amplio, un cambio de continente y contenido para poder continuar un proceso que se ha ido gestando con lentitud, pero que lleva, especialmente a los comerciantes a concluir de que esa transformación necesita acabar con una última gota de gran magnitud. En alguna ocasión, desde el Ayuntamiento, hablando de la necesidad de revitalizar la rambla d'Ègara, se ha apuntado la necesidad de que la fachada del mercado se debía hacer más permeable, incorporando algún tipo de oferta al hilo de lo que en los últimos años se ha hecho durante la Fira Modernista o de lo que ya ha materializado el Centre Cultural y el Museu de la Ciència. La cuestión ha ido calando hasta el punto de que se apunta a un cambio en la estructura del Mercat que abra su fachada no sólo en la Rambla, sino también en el Raval, permeabilizar los muros de la instalación a través de nueva oferta.
El Mercat es un referente histórico del comercio de la ciudad y un motor del tráfico de compradores en el centro cuya modernización se está viendo limitada por su propia estructura física. Durante los últimos años, el Mercat ha incorporado comercios impensables en otro tiempo con servicios acorde con los tiempos que pretenden rebajar la media de edad del comprador prototípico, su gran reto, pero falta un paso más.
La transformación de el Mercat de la Independència tiene dos grandes frentes, la unidad de los comerciantes y el acuerdo con el Ayuntamiento y de ellos cuelgan cuestiones de suma importancia como son la definición del proyecto, su ejecución y la afectación que ésta pueda tener sobre la dinámica habitual del mercado, el coste y el pago. No estamos hablando de temas de escasa entidad. Cada uno de estos aspectos por si mismos requieren de un tratamiento de cierta profundidad. Pensemos, sólo como un referente cuya comparación puede ser anecdótica, el problema que todavía hoy significa la climatización de la instalación, imposible de solucionar después de tantos años. Pero a ello se debe sumar también el modelo de gestión del mercado en su globalidad.
El debate es ilusionante para los comerciantes porque puede significar un auténtico impulso para la revitalización definitiva de un símbolo de la ciudad al que todos los terrassenses miramos con ternura. El reto, no obstante, no será fácil.