Celebración populista

11 de novembre de 2016
E punta a punta del planeta, el populismo celebra la victoria de Donald Trump. Se trata de Nigel Farage, el líder del partido UKIP, que ha definido la victoria de Trump como un "super-Brexit", es decir, la reproducción a escala mundial del evento catastrófico ensayado a escala europea en el referéndum británico. Pero también está Marine Le Pen en Francia, que puede a la vez alabar a Vladímir Putin y a Trump porque ambos prometen estados fuertes, naciones orgullosas, mano dura contra el inmigrante y recuperar la soberanía frente a cualquier com- promiso impuesto desde el exterior.

Unos hablan en nombre de la democracia, otros, del pueblo o la nación, pero todos apuntan a un mismo modelo: la tiranía de la mayoría bajo un líder clarividente y un enemigo común, exterior, interior o las dos cosas a la vez. Lo hemos visto antes, por la izquierda y por la derecha.

También celebran la victoria de Trump los nuevos populistas de izquierdas o la izquierda de siempre, en España o fuera de ella. Para ellos esa victoria confirma el inminente colapso del sistema, sometido a una última vuelta de tuerca autoritaria antes de sufrir su último estertor víctima de sus contradicciones estructurales. Pero también celebran la derrota de Hillary Clinton ya que las vías de reforma pragmática del sistema tienen que fracasar para que su alternativa radical se revele como la única posible. Vuelve pues el marxismo clásico, con su análisis simplista y reduccionista del mundo, la economía y el individuo, y lo hace en pinza con el peor nacionalismo xenófobo. Como si no hubiéramos aprendido nada de los años treinta y el fracaso de unas democracias asediadas por la izquierda y la derecha y ahogadas económicamente y en su seguridad desde el exterior.
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