Junts pel Sí, además de la perspectiva indipendentista, generó cuando llegó al gobierno unas expectativas de un gobierno de progreso , de igualdad de oportunidades, de marcado perfil social. Es cierto que las circunstancias económicas que ha dejado la crisis económicas no son las mejores y que la deuda y el problema de la financiación autonómica genera una situación de ahogo difícil de gestionar. A eso hay que añadir la inestabilidad política que genera el gobierno en minoría y la dependencia de los votos de la CUP, hasta el punto de que Catalunya todavía no dispone de presupuestos para el 2017.
Al hilo de los presupuestos, ayer se hicieron públicos los datos de las listas de espera quirúrgicas. Las personas que están a la espera de una intervención han aumentado un cinco por ciento; eso sí, se ha reducido el tiempo de espera. El plan de choque del Govern para reducir las listas de espera un diez por ciento no se ha podido aplicar debido a que no hay presupuestos; es la forma de justificar unos datos que no son positivos. Todo se reduce a una cuestión de dinero y en política, la prioridad es dinero.
Se habla de que los presupuestos que se deben aprobar son los más sociales de la historia reciente de Catalunya y probablemente serán unos buenos presupuestos, pero la percepción a pie de calle de la bondad de la acción de gobierno, que no es otra cosa que le definición de objetivos y prioridades a través de fijar el destino de los recursos de que se disponen, se basa en los pilares del estado del bienestar en el que la sanidad y la educación son piezas fundamentales.
Sobre la educación, esta semana hemos tenido nuevos episodios de protesta de los universitarios. El objeto de su reivindicación vuelve a ser una vez más las tasas universitarias y el precio de los másters. Por muy sociales que sean los presupuestos, no invitan a la esperanza las palabras que tuvo el secretario de Universitats, Arcadi Navarro, sobre las protestas estudiantiles. Dijo explícitamente que la Generalitat no bajaría las tasas porque no beneficiaría a los alumnos que disfrutan de ayudas y que no se podía bajar las tasas a las rentas más altas de este país, porque las pueden pagar perfectamente. Las arrogantes declaraciones de Navarro no fueron en absoluto afortunadas. En primer lugar porque obvia el mandato del Parlament que tiene el Govern desde el año pasado y en segundo lugar porque las tasas que se pagan en Catalunya superan en mucho a las que se pagan en el resto de España una situación de agravio intolerable. No se está hablando de reducir las tasas a las rentas más altas, sino a todos. Las rentas más altas no estaban en las barricadas ni probablemente en las universidades públicas. Habla Navarro como si todo el que lo necesita tuviese ayudas.