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Opinió

Puigdemont; destino, el caos

El sábado 29 de febrero de 2020 se escenificó desde Perpinyà la verdadera cara de un sector del independentismo catalán encabezado por el expresident Carles Puigdemont, gurú del fundamentalismo independentista, acompañado de su escudero Quim Torra, actual president de Catalunya.

Desde allí alimentó dos objetivos lesivos para el futuro de los 7,5 millones de catalanes que vivimos en este lado de los Pirineos. Provocar los aullidos “anti-Junqueras” de los presentes y descalificar el proceso de negociación que inicia el nuevo gobierno del Estado español encabezado por Pedro Sánchez en su gobierno de coalición con UP juntamente con ERC.

Desde la impunidad que le supone estar fuera del territorio español, y apartado de los 5,2 millones de catalanes que queremos un proceso hacia una consulta abierta a todas las opciones posibles, aparte del sí o del no a la independencia, lanza mensajes de confrontación al gobierno de España, levantando la misma bandera que enarbola la derecha del PP y C’s y la extrema derecha de Vox en España.

Al gurú Puigdemont, y a sus seguidores de JxCat, les importan un bledo esos 1,8 millones de catalanes en situación de exclusión social que lo están pasando mal, y la ruptura de la convivencia entre nosotros. O que la economía catalana haya sufrido un receso importante. Ellos ya tienen su chollo asegurado en Waterloo, en Pedralbes o en Matadepera. La burguesía catalana apuesta por JxCat y la alimenta.

Ahora se avecina otro receso en la economía mundial. Fruto de la globalización y que afectará a nuestro país, llámese España o Catalunya. Eso debería marcar las políticas económicas de España y de Catalunya, pero no es así para los fundamentalistas. Para ellos es más importante el “procés” que las personas. De nuevo votarán en contra de los PGE (Presupuestos Generales del Estado) y se sentirán unos revolucionarios por tal medida obstruccionista en la economía española. Qué triste alegría.

No apoyar en estos momentos la opción que se abre con la mesa de negociación entre Gobierno y ERC en una España que camina hacia la derechización de la política nacional es un acto de una irresponsabilidad inmensa, ese 17% de ciudadanos en exclusión social son carne de cañón para Vox.

La intransigencia independentista sólo traerá intransigencia españolista, y refuerzo de las opciones de la extrema derecha, y continuar por un camino de confrontación a todos los niveles.

Personalmente estoy harto de este circo sinsentido donde el objetivo perseguido se aleja en una proporción directamente proporcional a la intransigencia del independentista y, como todo esto va en contra del bienestar de nosotros mismos, sólo cabe una cosa, alzar la voz colectivamente por la tercera vía, de forma organizada, y sin ambigüedades. Ya es hora de que dejemos que los extremos se retroalimenten por el camino de la autodestrucción y abanderemos lo que realmente pensamos.

Es la hora de que se forme un frente organizado desde los partidos republicanos y federalistas, antes de las nuevas elecciones al Parlament, para que la mayoría social de Catalunya tenga una opción clara que refuerce la vía de la negociación emprendida en esta etapa.

Debemos vaciar de emoción la política catalana y recuperar la razón. Debemos dejar en la cuneta a los que contaminan el proceso como si sólo hubiera su verdad, basada en gran parte en mentiras hechas realidades. Catalunya es de los 7,5 millones de catalanes, y son ellos los que deben decidir qué quieren para su vida, en esta hermosa y rica tierra que es Catalunya.

Va siendo hora de que rescatemos nuestro protagonismo usurpado por esos políticos llamados Puigdemont, Casado, Arrimadas o Abascal. Ninguno representa la mayoría social de Catalunya, sólo nosotros y nosotras la representamos, contra ellos debemos tener un frente unitario que nos permita dar sentido al objetivo que deseamos.

En la próxima confrontación electoral se debe mirar a corto plazo, para conseguir llegar a largo plazo, al derecho a decidir. La mesa de negociación abierta entre Gobierno y Generalitat debe ir sentando las bases hacia ese objetivo final, pero sin saltarse la fase inicial, y sobre todo hay que desarrollar mucha pedagogía ciudadana que abra las mentes obtusas que sólo ven un país en blanco o negro, olvidando las matizaciones de grises tan extensas y ricas que debería haber.

Si seguimos empecinados en la situación actual todos nosotros habremos sido cómplices de la descomposición del futuro en paz de nuestros hijos y sobre todo de nuestro nietos. Cuando hablamos de España desde las visiones subrealistas de los extremos del “procés” vemos algo que no coincide con lo que piensan la mayoría de ciudadanos de España y sobre todo de Catalunya. Demos paso a la inteligencia.

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