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Terrassa

Culturas hermanadas

Fin de semana para dar a conocer, en un sentido amplio, las raíces culturales de una comunidad del Estado español y de un país extranjero que han arraigado en Terrassa a través de personas que emigraron por diversos motivos. El recinto ferial del Passeig del 22 de Juliol acogió la 15º edición de la Mostra de la Diversitat Cultural y por espacio de tres días, de viernes hasta domingo, fue cita obligada de entidades que colaboraron en divulgar su riqueza en música y bailes, artesanía y gastronomía.

La feria permitió la posibilidad de aproximarse a la cultura de Aragón, Andalucía, Castilla-La Mancha, Catalunya, Extremadura, Galicia y Murcia, así como a la de Marruecos, Senegal y Lationamérica. Lugares que guardan lazos estrechos con la ciudad porque esta acoge a un buen número de población de allí.

Las entidades, al frente de sus casetas, se emplearon a fondo para darse a conocer, proyectarse, intercambiar experiencias y fortalecer la convivencia. Juan Antonio Carreño, de tesorero de la Coordinadora d’Entitats de Cultura Andalusa, lo expresó así: "La ‘Mostra’ hermana porque genera conocimiento sobre otras culturas que conviven en la ciudad y, cuando conoces al otro, es más fácil comprender y ser tolerante y cooperar". En el mismo sentido se manifestaron otros representantes. Hanan, de la Associació Cultural Musulmana, valoró la iniciativa. "Es una idea muy buena porque muestra la cultura distinta que hay en la ciudad, en Terrassa, y puedes aprender mucho". Pathe Sarr, secretario de la Associació Catalana de Residents Senegalesos, subrayó también la importancia del encuentro. "Es una gran oportunidad para enseñar nuestra cultura y fomentar la convivencia entre todas".

Además de caseta, las entidades participaron activamente en la exhibición de su folclore regional con diversas actuaciones a lo largo de los tres días. Hubo danzas de varias comunidades acompañadas de música que se bailaron en el escenario previsto en el interior . Uno de los puntos álgidos fue también el pasacalles del sábado, que partió del Passeig de les Lletres y recaló en la plaza de la Cooperativa, frente al recinto ferial por la fachada posterior en la calle de Amadeu de Savoia, así como los conciertos de Calima y Jordi Molina.

Gastronomía
El aspecto gastronómico también despertó interés. En la puerta de entrada, el sábado al mediodía, ya había cola para degustar cuscús, un tipo de sémola de trigo duro muy típica de la cocina árabe. Un plato que también se ofrecía desde la caseta de la asociación musulmana, en el interior del recinto, junto con té y dulces. Los murcianos también presentaron su guiso de michirones y su postre de paparajotes, mientras que los manchegos ofrecieron sus migas, los extremeños su caldereta, los latinoamericanos su tacacho, que tiene como elemento fundamental un plátano verde y los senegaleses, frutos secos y el té de bissap (la bebida contra todos los males, dicen). Y entre actuación y degustación hubo tiempo para aprender caligrafía árabe y jugar.

Los visitantes que se acercaron hasta la muestra estaban satisfechos. Maria Callejas, originaria de Herencia, un pueblecito de Castilla-la Mancha, manifestó que "es una fiesta perfecta. Es una buena idea porque me da la oportunidad de reecontrarme con mis raíces, con un trocito de mi tierra". María Luisa, nacida en Minas El Centenillo, (Jaén), que le acompañaba asintió y añadió. "Ya llevamos muchos años en Terrassa pero solemos viajar hasta nuestra tierra para visitar a los familiares. No hay nostalgia pero es bueno familiarizarse con tus tradiciones y saludar a los paisanos".

Curiosos
Otros visitantes se acercaron por sentir curiosidad por otras culturas. Sílvia Testa, de Argentina, que visitaba la feria por primera vez opinó que "es una buena excusa para que las comunidades y países estrechen lazos y den a conocer su riqueza. Es una buena iniciativa también para los niños (estos tuvieron sus propias propuestas de actividades) porque les ayuda a ver cosas diversas y diferentes".

Sílvia acudió con su hija, Sole, y una nieta de dos años. Contó que hace treinta años que vive en Catalunya, en Cerdanyola, pero que viene a menudo a Terrassa por la relación familiar con su hija. "Ya no siento mucha añoranza de mi país. porque mis hijos ya han nacido aquí y ellos y los nietos ya cubren la nostalgia con creces".

Mireia también llegó al recinto atraída por el contenido. "Mi novio es de Terrassa y nos hemos acercado hacia aquí. Tenemos interés por Galicia , porque queremos visitarla. Nos han hablado muy bien de allí. Y que mejor que hacerlo con gente de la entidad", dijo.

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