Con estas dos palabras latinas, "res publica", se aludía al Estado, a la administración pública, a la política... Traducido literalmente: "la cosa pública". Después, la asociación de ambos términos designó una forma organizativa del Estado, cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento, para un periodo determinado, y que llamamos república, en oposición al otro sistema denominado monarquía, que se diferencia de la anterior en que ésta es hereditaria.
Ambos sistemas coexisten en el mundo, y se diferencian en cada país: así, en las monarquías modernas, el rey reina pero no gobierna (es el caso de Reino Unido, España, Bélgica, Holanda, Japón, Suecia…), y también en las repúblicas modernas europeas sucede lo mismo, por ejemplo en Alemania e Italia ¿quién conoce el nombre de los presidentes de estos países? No los conoce nadie porque son figuras decorativas, que además las sustituyen cada cuatro o seis años; al menos, en las monarquías, la cabeza del Estado no tiene fecha de caducidad y se convierte por la tradición y el tiempo en un símbolo, pensemos en nuestro rey emérito Don Juan Carlos, tan decisivo en algunos momentos de nuestra historia (23 de febrero de 198l) y por haber contribuido a la evolución democrática del régimen anterior, o simplemente por los muchos años en el puesto es uno de los 5 ó 6 líderes más conocidos del mundo. Económicamente los dos sistemas cuestan lo mismo al Estado. Hay repúblicas donde las atribuciones del presidente son mayores, como ocurre en EE.UU., Francia o Rusia, pero en la mayoría de países es el Gobierno quien decide la política del país. Yo creo que los españoles estamos de suerte porque ya hemos tenido dos veces república y en ambos casos nos fue fatal: en la 1.ª, en 1873-74, duró poco más de un año y tuvo cuatro presidentes: Estanislao Figueras, Francisco Pi i Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Cautelar. La 2.ª, en 1931, se inició con un golpe de Estado (expulsión del rey Alfonso XIII) y acabó en 1936 con la Guerra Civil.
Pero la "res publica" es casi todo, porque vivimos en sociedad, y los que se empeñan en propugnar la calidad de lo público, frente a lo supuestamente privado, nos engañan, y lo más lamentable es que ocultan su intención. ¿Recuerdan la cantinela de las izquierdas cuando repiten "¡escuela pública y de calidad!", "¡sanidad pública!", que gritaban los huelguistas sanitarios contra Esperanza Aguirre. A la gente le dicen que es porque ésta es gratuita…, pero la realidad es porque en ellas deciden los políticos, tanto en la escuela (con directrices ideológicas sobre los niños, y programas desgraciadamente cada día más simples), como en la sanidad, porque el personal funcionario está obligado por las leyes que ellos imponen. La privada no es tal, sólo lo es en la titularidad, porque luego es casi gratuita, ya que el 90% está subvencionada y todos los centros son públicos, además de porque el Estado paga a los profesores, porque todos desempeñan una labor pública y social. Ya digo su obsesión de control de todo y de forjar ciudadanos a la medida de sus deseos es lo que les impulsa en esta defensa... Pero claro al Estado la enseñanza y la sanidad concertadas le interesan mucho porque le salen a mitad de precio, por cada plaza escolar y por cada cama sanitaria. Igual pasa con las mutuas, donde el ciudadano paga por contratarlas la mitad que la obligada cotización a la Seguridad Social. Por eso quien defiende la concertación defiende la libertad del individuo frente al aleccionamiento político en la escuela y la burocracia sanitaria con sus interminables listas de espera. Y otra cosa son los resultados: en el reciente informe PISA sobre la educación España se ha puesto al nivel de la media internacional… Recordemos que en los últimos 5 años ha gobernado el PP. Y las diferencias abismales las encontramos dentro de España, y precisamente las regiones más retrasadas son las comunidades donde desde hace 40 años gobierna el PSOE y hay mayor proporción de escuela pública.
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