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Opinió

Los porqués de la ultraderecha

Ya es una realidad. Se acabó la "excepcionalidad española". Con más de 3.640.000 votos (15,09%) y 52 escaños, VOX es la tercera fuerza política del Congreso de los Diputados. Quizá era cuestión de tiempo, pero lo cierto es que, hasta hace unos meses, España y Portugal eran los únicos países de la Unión Europea donde la ultraderecha no tenía representación parlamentaria. La situación de estos dos países del sur de Europa contrastaba con la de nuestros vecinos. En Francia, pese a tener sólo ocho diputados en la Asamblea Nacional, el Frente Nacional de Le Pen llegó a disputar la presidencia de la República a Macron en 2017, logrando un 34% de los votos. El sistema de doble vuelta francés y el cordón sanitario que el resto de partidos impusieron al FN fueron clave para evitar que alcanzara el poder. Un caso parecido es el alemán, donde Alternativa para Alemania es el tercer partido del país, por detrás de la CDU y de los socialdemócratas.

Situación más preocupante se vive (o se ha vivido) en Italia. Todos recordamos el paso de Salvini, seguramente uno de los ministros más indignos que haya conocido Italia, por el gobierno de Giuseppe Conte. El pacto de dos partidos populistas, el Movimiento Cinco Estrellas con la Liga de Salvini, hizo posible la presencia de la ultraderecha en el gobierno italiano, hasta tal punto que el propio Salvini eclipsó al primer ministro. A día de hoy, gracias al pacto de los socialdemócratas con el partido de Conte, la Liga ya no tiene presencia en el gobierno. Podríamos seguir citando países donde la ultraderecha forma o ha formado parte del gobierno, o donde su presencia en los parlamentos nacionales es más que notable: Austria, Polonia, Hungría, Finlandia, Dinamarca o Suecia. Ni las democracias europeas más consolidadas se libran de esta lacra.

Ahora muchos nos hacemos varias preguntas: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Quiénes son los responsables? ¿Qué hacemos ahora? Seguramente la irrupción (y consolidación) de VOX es una consecuencia de varios hechos, y lo cierto es que no hay un único responsable de la aparición de la ultraderecha en España. Pero sí es conveniente señalar los hechos que, a mi juicio, han sido relevantes para que más de tres millones y medio de españoles hayan decidido votar a este partido. Y es que, probablemente, muchos estaremos de acuerdo en que en España no hay más de tres millones y medio de personas que sean racistas, homófobas, que nieguen la violencia de género o que quieran ilegalizar partidos constitucionalistas como es el PNV. Los motivos que pienso que han llevado a estas personas a dar su voto a VOX son otros, totalmente diferentes a las propuestas que el partido lleva en su programa electoral.

Un dato objetivo que podemos apreciar es que los apoyos hacia VOX han aumentado, de forma notable, en estas últimas semanas. No sólo me refiero a la demoscopia, que también; sino a los resultados que obtuvo la formación hace tan sólo seis meses, y a los que ha logrado ahora. Por lo tanto, pienso que es relevante analizar qué ha ocurrido durante este tiempo. Y si ha habido algún hecho político relevante este último mes es sin duda la sentencia que condena a algunos líderes políticos catalanes a prisión. Pero lo que realmente ha tenido impacto mediático es, más allá de la propia sentencia, las protestas que se han organizado (y se siguen organizando) por todo el país.

Desde que se hizo pública la sentencia hemos vivido, en vivo y en directo, por televisión con una retransmisión a tiempo real, cómo muchos manifestantes protagonizaban actos de violencia y desórdenes públicos. Estos actos fueron más allá del primer día de protestas. Si todo se hubiera reducido a las primeras horas, seguramente el impacto mediático hubiera sido mucho menor. Pero la violencia iba a más, cada día era peor, y todos lo veíamos desde casa. Y la mayoría lo seguíamos con indignación. Indignación y hasta un punto de impotencia, de ver cómo unos intolerantes se atreven a pisar los derechos de muchas personas, de ver cómo unos manifestantes conseguían paralizar el país perjudicando a miles de trabajadores y trabajadoras, y de comprobar en directo cómo unos radicales destrozaban un mobiliario público que todos pagamos con nuestros impuestos. Esta violencia ha generado varios sentimientos en una parte importante de la población, y uno de ellos es el de indignación.

Todos sabemos que, cuando el debate se polariza, los extremos se hacen más fuertes, pero si además entra en escena la violencia las consecuencias son que mucha gente que hasta ahora se identificaba con posiciones políticas moderadas se haya radicalizado. Y aquí VOX se ha puesto las botas. Muchos de los votos que ha tenido la ultraderecha vienen de indignados que quieren que alguien dé un golpe sobre la mesa, y han visto en VOX la mejor opción. Preocupante.

A este hecho hay que sumarle otros, que en ningún caso creo que sean menos importantes. Uno de ellos es el blanqueamiento que han hecho los otros partidos de derecha sobre VOX. El ansia de poder del PP no sólo le ha hecho no excluir a este partido como posible aliado, sino que ha logrado gobiernos con su apoyo. Ciudadanos ha hecho lo mismo, y seguramente ahora se arrepienten. En lugar de poner un cordón sanitario a VOX, como sí hizo Macron con la ultraderecha en Francia, Albert Rivera prefirió hacerlo con el PSOE, tildando al partido de "banda". Un partido que en sus orígenes se denominaba socialdemócrata quiso competir contra la ultraderecha pero, en lugar de rebatir sus argumentos, los compró y los hizo suyos. Ahí la batalla ya la había perdido, pues la gente compra el original, no la copia.

Tampoco es menor el papel que han tenido los medios de comunicación. Un partido político no logra tantos votos sin una repercusión mediática que lo propicie. Y VOX la ha tenido. Muchos han sido los medios que han querido dar espacio de difusión a los postulados extremos, quizá seducidos por la eventual audiencia que podía atraer, pero no pensaron en las consecuencias que esto podría tener (y si lo hicieron no les importó).

En definitiva, la ultraderecha ha llegado a España, y quizá aún estemos a tiempo de decir que "ha llegado pero no para quedarse". Pero eso dependerá de quienes la han aupado hasta donde está. El tiempo, y sobre todo los actos de cada uno, lo dirá. Si seguimos viendo cómo una minoría radical vulnera los derechos de una mayoría pacífica, cómo unos partidos políticos consolidados y "de gobierno" siguen apoyándose en VOX para alcanzar sus objetivos y si este partido sigue teniendo el espacio mediático de que disfruta, lamentablemente tendremos ultraderecha para rato.

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