Es dominica y maestra en Lancetillo, una aldea situada al norte del departamento guatemalteco del Quiché. La recaudación que Oberts al Món logré el domingo irá para su proyecto educativo.
¿Cómo es la vida en la aldea?
Muy apartada de todo. ¡Para llegar a la capital del Quiché tardamos siete horas en coche! Las carreteras son muy malas. Aquí se trabaja en la agricultura. No tenemos luz eléctrica, solo la solar. Todo es bastante precario.
¿Qué papel juega la escuela en este entorno?
El problema es que muchos padres no dicen a sus hijos que vayan a la escuela. Les son más útiles trabajando en el campo. Con las niñas ocurre todavía más, ya que las familias creen que deben quedarse en casa ayudando en el hogar. Una parte de nuestra labor es hacerles ver que ir al colegio resulta necesario.
¿El gobierno de Guatemala no interviene para que los niños vayan a clase?
Estas aldeas le quedan muy lejanas al gobierno. Y cuando envían a maestros, muchos no cumplen con su trabajo como deben, porque nadie les controla. Del gobierno sí que llega leche que los niños toman en clase a media mañana. Muchos van al colegio para así poder desayunar.
¿Qué futuro les espera a los niños del Quiché si no se forman?
La agricultura. Con el problema de que en Lancetillo la tierra disponible va a menos, así que los agricultores, para poder sembrar, cortan muchos bosques. Y es una pena. Además, si bien Lancetillo es un lugar bastante calmado, los narcotraficantes aprovechan que estamos aislados para hacer grandes plantaciones de marihuana. Hay riesgo de que los jóvenes caigan en sus manos.
ARA A PORTADA
Publicat el 04 de maig de 2016 a les 22:03
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