Objetivo: evitar el colapso de los servicios sociales

Terrassa

Publicat el 07 de juliol de 2016 a les 19:48
La crisis ha disparado las cifras del paro, precarizado el empleo, expulsado a miles de familias de sus hogares y condenado a una amplia franja de población a la precariedad y al subsidio. La bolsa de pobreza se ha disparado en la ciudad y, cuando los indicadores apuntan a una incierta recuperación de la economía, los trabajadores sociales tienen claro que esa mejora es selectiva, que la demanda de ayudas no mermará en mucho tiempo y que la pobreza es ya un fenómeno estructural en Terrassa.

En ese contexto Noel Duque, concejal de Servicios Sociales, propone una revisión de modelo en su departamento, un ajuste que pasa por reasignar competencias para descargar a los servicios básicos de tareas que no le son propias y regresar a un modelo más proactivo: atención a los casos sociales, estímulo y prevención, mucha prevención.

"Durante los últimos años, los Servicios Sociales han sido el gran contenedor que lo atiende todo -explica Duque-. No ha habido otro remedio, de acuerdo, pero ha llegado el momento de reordenar, porque los servicios sociales no pueden ser un mero gestor de ayudas ni deben resolver problemas que corresponden a otros departamentos".

El concejal está convencido de que el dispositivo municipal de servicios sociales debe dejar de atender los problemas de vivienda, las ayudas a los suministros o al alquiler. También las solicitudes de apoyo estrictamente económico de las familias que pasan un mal momento. "Los trabajadores sociales no son agentes inmobiliarios, ni electricistas ni mediadores con las compañías o las inmobiliarias -explica Duque-. Si destinan 10 horas para contactar y negociar con Endesa, es tiempo que no pueden dedicar a atender nuevos casos". Durante los últimos años, los profesionales han visto como crecía la presión y se multiplicaba su cartera de servicios. "O tomamos medidas o pueden colapsar", advierte.

La concejalía de Servicios Sociales está convencida de que una reordenación de competencias puede reducir en 4 o 5 años la saturación, el nudo de los servicios sociales. "No estamos frente a un cambio brusco, sino ante un proceso que debe permitir a los equipos centrarse en la atención a los casos de perfil estrictamente social, quenecesitan un acompañamiento, y a la prevención, un ámbito en el que debemos volcarnos especialmente a partir de ahora".

La oficina municipal de atención a la pobreza energética (Ofimape) es un primer paso en el trato específico a las familias que no pueden afrontar el pago de los suministros básicos. "El impacto aún es poco porque los trámites aún dependen mucho de servicios sociales, pero estamos en el camino correcto".

En esa línea, Duque defiende que "los impagos de hipotecas o alquileres debe gestionarlos Vivienda y, si el problema es estrictamente económico, de liquidez, y el usuario no necesita un acompañamiento, tampoco deberían asumirlo los servicios sociales". Otra cosa son los recursos alimenticios, porque "esa carencia siempre va asociada a un problema social".

El giro de los Servicios Sociales no es una novedad para los profesionales del área. El plan estratégico de los servicios sociales aprobado en 2010 ya apostaba por estimular las potencialidades de los usuarios, además de atender la emergencia social. De hecho, Terrassa es uno de los pocos municipios que reserva en la agenda del trabajador social un tiempo para el trabajo grupal y comunitario. "La crisis nos ha desbordado completamente estos años. Ahora toca dejar de ser los gestores de ayudas para empoderar a las personas y hacerlas menos dependientes", concluye Duque.

Estimular potencialidades
El próximo 22 de julio los servicios sociales celebrarán una jornada de trabajo en la que compartirán proyectos y se fortalecerán equipos de cara a la nueva etapa. Hace tiempo que el trabajo grupal y comunitario forma parte de la agenda de los profesionales sociales, en ámbitos como el de la paternidad adolescente, en proyectos como el huerto social de Ca N'Anglada o el restaurante La Trobada, todos ellos con buenos resultados. Siete años después del crac económico, el objetivo ahora es que la metodología del empoderamiento impregne el trabajo con las víctimas de la crisis.

El año pasado los servicios sociales atendieron a más de 37 mil personas en Terrassa. El grueso de los usuarios son personas que han perdido el empleo, en muchos casos la vivienda, y necesitan un empuje para recuperar la confianza y retomar las riendas de su vida.

"La labor de los profesionales sociales es rescatar sus potencialidades, sus habilidades, generar confianza. Acompañarlos en la búsqueda de empleo, si necesitan apoyo psicológico, siempre desde el respeto. Esa es la esencia del trabajo social", comenta Lucía Linuesa, directora de Servicios Sociales.

"Nos pasamos el día recetando ayudas económicas porque otros sistemas fallan -explica la técnica municipal-, pero desde el Ayuntamiento no tenemos competencias para devolver a los usuarios la vivienda, el trabajo o la salud. Sí para ayudarles a revertir una mala situación y darles herramientas para afrontar el futuro".

El Ayuntamiento destinó en 2007 107 mil euros a recursos sociales. La cifra no ha parado de crecer y el año pasado la dotación se situó en 1,5 millones de euros.

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