"Llévame donde está el dinero", espetó a una de las prostitutas tan pronto irrumpió en el burdel, al tiempo que blandía un cuchillo de sierra con mango blanco. El atracador, colérico, fiero en gestos y palabras, propinó un rodillazo a la chica y huyó con el botín: 165 euros de la recaudación y un teléfono móvil de la víctima. Eso fue el primer día, en el primer atraco. El mismo delincuente asaltó el mismo prostíbulo poco más de un mes después, también con un cuchillo, e hirió a tres chicas. La Audiencia Provincial lo ha condenado a siete años y medio de prisión, rebajando la pena que le había impuesto un juzgado de Terrassa.
La casa de alterne estaba ubicada en el barrio del Torrent d'en Pere Parres, en una planta baja que apenas se distinguía de otras de la misma calle por un cartel de advertencia sobre el sistema de seguridad instalado, al modo de cualquier establecimiento.
Había transcurrido una noche más en el devenir de las trabajadoras que ejercían la prostitución en el burdel cuando alguien entró. Eran las 7.15 de la mañana del 24 de enero del 2016. Una hora que pudiera parecer intempestiva para la visita de un cliente, pero que no lo parece tanto en un negociado como el del sexo.
El recién llegado no era un cliente. Era un delincuente armado. No bien se precipitó al interior de la casa, esgrimió un arma blanca, un cuchillo de sierra con empuñadura blanca, y esgrimió algo más: un aluvión de ademanes y palabras de intimidación. Amenazó a una chica con el cuchillo mientras le decía que le llevase donde estaba el dinero. Ella, ojos de espanto, temblaba mientras él enarbolaba el arma.
El malhechor asestó un rodillazo a la mujer y le causó erosiones. La chica le entregó 165 euros de la caja del prostíbulo y un teléfono móvil de su propiedad, valorado en 280 euros. El tipo huyó y minutos después agentes de los Mossos d'Esquadra, alertados del asalto, llegaron al burdel.
Las investigaciones
La unidad de investigación de los mossos en Terrassa inició las pesquisas para dar con el delincuente. Poco se sabía de él, salvo que era negro. No tardó en actuar y, sin pretenderlo, en propiciar un avance en las investigaciones policiales.
El segundo robo aconteció el 26 de febrero, poco más de un mes después. El ladrón y agresor portaba un cuchillo, otra vez, y llevaba guantes rosas y una gorra. Llamó al timbre y cuando le abrieron la puerta, entró a empellones.
Arremetió contra cuatro prostitutas con suma violencia, como descontrolado. Enseñaba el cuchillo con furia, exigía el dinero y los móviles, no hagáis ruido, decía, callaos, callaos, os voy a rajar la cara y el cuello, yo estoy muy tranquilo porque no me va a pasar nada, porque me toman por loco. Todo eso les dijo en atropello de desmanes verbales que no se quedaron en eso, pues llegó la serie de empujones y manotazos a las mujeres. Tres de ellas resultaron heridas en este segundo asalto violento: dos padecieron dolores diversos y una, una crisis de ansiedad.
El ladrón huyó con este botín: un ordenador portátil, seis teléfonos móviles, quinientos euros que sustrajo de un monedero, cuarenta euros que birló a una de las chicas y cincuenta que sacó a otra.
El mismo tipo había cometido un hecho y el otro. A esa conclusión llegaron los investigadores al hablar con testigos y al analizar unos vídeos de seguridad. Pasó otro mes hasta que el atracador fue detenido. Lo apresaron los mossos el 26 de marzo. El sospechoso tenía 39 años, es senegalés y residía a la sazón en Terrassa, y contaba con un antecedente policial.
Tres días después, el 29 de marzo, ingresó en prisión tras pasar a disposición judicial y el juicio se celebró en el juzgado de lo penal número 3 de Terrasa en junio. Las chicas, aunque se notaba su temor al declarar en presencia de aquel tipo, reconocieron al sujeto sin duda. Él alegó que atravesaba una depresión. La sentencia fue condenatoria: impuso al acusado ocho años y diez meses de prisión por dos delitos de robo con violencia e intimidación en casa habitada y con uso de arma. Cuatro años y cinco meses por cada delito.
La defensa del atracador interpuso un recurso ante la Audiencia Provincial con varios argumentos, y el tribunal de la sección segunda ha estimado parte de las alegaciones para sustentar una rebaja en la pena. Una: la Sala afirma que el burdel no debe tener la consideración de vivienda habitada, lo que lleva a no tener en cuenta la modalidad agravada. Allí ejercían la prostitución las víctimas, que frecuentaban el inmueble, sí, y que tenían allí enseres personales y allí se pasaban unas cuantas horas. Allí reposaban, en efecto, pero todas ellas "disponen de un domicilio o vivienda familiar donde van para descansar", destaca el tribunal.
Otra alegación aceptada: la circunstancia atenuante de reparación del daño. La resolución valora que el acusado ingresase, un día antes del juicio, 1.100 euros como parte de su responsabilidad civil, de la fianza de 3.217 euros que se le impuso para cubrir las indemnizaciones a las víctimas tanto por las lesiones ocasionadas como por los objetos y el dinero sustraídos. Que pagase casi una tercera parte de la cantidad total "se debe considerar como un intento relevante de reparación del daño causado".
Al final, el asaltante del prostíbulo, el hombre que pobló de pánico el burdel dos días, ha sido condenado por dos delitos de robo con intimidación y uso de arma a tres años y nueve meses de prisión por cada uno de esos delitos.
LA PENA
7 años y medio. La Audiencia impone al atracador tres años y nueve meses de prisión por cada uno de los dos delitos
ARA A PORTADA
- Javier Llamas
- Redactor al Diari de Terrassa
Publicat el
11 de novembre de 2016 a
les 21:13
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