"Caí mamado en el andén, con el brazo en el hueco de la vía"

Publicat el 27 de gener de 2017 a les 19:19
A Eloy (el nombre es ficticio) no se le olvidan ni su primera borrachera ni el atracón de alcohol que casi le cuesta la vida. Tenía 16 años cuando en un botellón con un grupo de amigos "empezamos a beber alcohol barato. Buscábamos la sensación, pero subía lento, así que seguí dándole al vodka de 4 euros hasta que perdí la conciencia, que no el conocimiento". Los amigos le explicaron que, en pleno delirio etílico, siguió robando copas hasta que le pararon los pies y lograron dormirlo, después de remojarle la cabeza bajo una fuente y forzarle el vómito.

La segunda "trompa memorable" fue hace menos de un año, con motivo de un concierto. "Era una noche tranquila y esta vez llevábamos alcohol bueno, pero cometí dos errores: escaparme de casa y no cenar".

A las 6 de la mañana, junto a un amigo, decidieron rematar la fiesta "en la estación de Vallparadís. Nos dormimos en un banco y al despertarme iba tan borracho que apenas podía caminar. Quise despertar a mi colega, pero caí redondo junto al andén, con el brazo en el hueco de la vía". Cuando despertó, "solo vi la ambulancia, mi amigo ya despejado y el rostro nuestros padres... No paso nada, pero aún arrastro el susto".

Eloy es el paradigma de una generación que usa el alcohol como un chute, una vía para "colocarse" rápido. "Es curiosidad, es falta de información y que nos gusta hacer lo que nos prohiben", admite. "Los padres no hablan de los riesgos del alcohol y en el instituto apenas entran en materia, aunque tampoco se si les haríamos caso".

De todo lo vivido, lo que más le dolió a Eloy "fue la conversación con mi abuela... Ahora me aseguro de que todos mis amigos llegan a casa, y de que si beben, por lo menos sea alcohol bueno".