Un día de agosto de 1971, cuatro meses después de haberse inaugurado la primera Jazz Cava de la calle de Sant Quirze, Tete Montoliu actuaba con su trío en el club La Galera de Sitges. Un espectador se le acercó y quiso hablar con él.
-Soy Valentí Grau -le entró.
-¿De dónde eres? -le preguntó el pianista.
- De Terrassa.
- Ya he estado en vuestra Jazz Cava, pero estaba cerrada [Tete había ido a verla en julio, sin saber que la Cava cerraba dos meses en verano]
- ¿Quién es este trompetista que está tocando ahora? -siguió Tete.
- Un amigo mío, Josep Maria Farràs.
- Pues toca muy bien [Tete solía ser muy duro y crítico con los músicos]
Así, aproximadamente, puede reconstruirse, por lo que explicaron Valentí Grau y Josep Maria Farràs, el miércoles, la conversación que fraguó la relación de Tete Montoliu con Terrassa, el Club de Jazz y el ambiente del jazz en nuestra ciudad. Una relación que evocaron en Amics de les Arts, junto al contrabajista barcelonés de origen chileno Manolo Elias (que habló de sus recuerdos con Tete en lBarcelona), en una distendida mesa redonda ("Tete Montoliu a Terrassa, 1971-1997"), ilustrada con dos fragmentos de grabaciones de Tete con Farràs y Elias, en la antigua Cava.
El mítico pianista ya había realizado dos conciertos en Terrassa, en Amics de les Arts, en 1959 ó 1960, pero fue desde ese encuentro en Sitges que se estableció una relación intensa con él. "¿Qué podemos hacer para llevar músicos extranjeros buenos a la Cava?, nos preguntábamos. Y aquí apareció Tete, como una iluminación, que dio el paso a todo el jazz que pudimos hacer", recordó Grau. En Sitges, aquel día, "conectamos, nos hicimos amigos, y Tete sería el navío insignia de la Cava de Terrassa".
Para traer estrellas a Terrassa
Para funcionar con el Tete Montoliu Trio y las estrellas foráneas, y costear las actuaciones de éstas en Terrassa, "creamos el management". Y Valentí Grau asumió lo de hacerse manager. Contrataban a Johnny Griffin, por ejemplo, "y hacíamos la ruta de Catalunya: Zeleste en Barcelona, Vilafranca, Granollers, Figueres, Roses" y, a veces, también Béziers (con Dexter Gordon), Lisboa, Juan-les-Pins, o los festivales de Vitoria y San Sebastian, "donde hicimos el primer concierto de jazz moderno". Así, las estrellas cobraban 250 mil pesetas por concierto, y en la Cava, cinco mil.
"Tete fue como una piedra filosofal para nosotros. La gente incluso se pensaba que era de Terrassa. 'No, de Barcelona, de la calle de Muntaner, les decía'. Aunque, durante unos meses, llegó a vivir en Terrassa. Tete hizo subir una de las etapas más trascendentales del Club de Jazz, que hizo que se hablara de Terrassa en los ambientes jazzísticos de toda Europa".
Su gran generosidad
"Cuando quería era dificil, y mucho", señaló Elias. Farràs recordó que, en una ocasión, en la Cava, un guitarrista, anunciado en el cartel, subió al escenario, comenzó luego a tocar Tete, y este guitarrista "se quedó todo el concierto sentado, sin tocar ni una nota, porque a Tete no le caía bien". Era además una persona que "siempre decía lo que pensaba", sin importarle que sus palabras pudieran doler o herir.
Pero, por otra parte, Tete dio a lo largo de su vida probadas muestras de generosidad. Cuando se inundó la Cava, ésta se quedó sin piano. El Club de Jazz no tenía dinero para uno nuevo. Para sufragarlo, llamaron a todas las puertas, incluso las del Ministerio de Cultura, en Madrid, todo en vano. En esas, "un día, en la Barceloneta, estábamos comiendo una paella con Tete, y de pronto dice '¿sabes que haremos? Mañana vamos a comprar un piano?' Y así fue. Aquel piano de la antigua Cava (ahora, nuevo, valdría unos 35 mil euros) lo pagó Tete. Y no quería que la gente lo supiera".
Grau, Farràs y Elias contaron impagables anécdotas vividas con el pianista, algunas de las cuales evidenciaban su dominio casi prodigioso del instrumento. En una ocasión, poco antes de un concierto al aire libre, se puso a llover, y la mitad de las teclas no sonaban. "Tete se miró las notas que sí funcionaban, las memorizó al instante, y hizo el concierto sólo utilizando éstas. Fue algo increible". Otra vez, en Igualada, el piano de cola estaba totalmente desajustado. "¿Qué hacemos? Si no tocamos, no cobramos", se dijeron Farràs, Elias y el batería Adrià Font. "Y Tete, que sabía tanto, hizo el concierto transportando [trasladando de una tonalidad a otra] y nadie se dio cuenta."
Para Farràs, a quién le enseñó muchas cosas, Tete Montoliu (Barcelona, 1933-1997) "ha sido el músico de jazz más importante que ha tenido Catalunya y España. Una pena que falleciera tan joven. Tenía una espontaneidad, una creatividad, la personalidad, el carisma. Era un gran músico. Y hacía un jazz bastante moderno para su tiempo, muy pianístico pero hard-bop".
Precisamente el día anterior a este acto, ONCE Catalunya inauguró, en su auditorio en Barcelona, "El Raco d'en Tete", un pequeño museo dedicado al músico con doscientos objetos personales.
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Publicat el
30 de març de 2017 a
les 21:29
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